Flor y Pascal se encontraron en algún punto entre Argentina y los Países Bajos, y su boda tuvo un poco de ese cruce de mundos.
Se prepararon en el hotel Rey Don Jaime de Castelldefels, con ese ritmo lento de las horas previas que lo envuelve todo. Más tarde, en Cala Morisca, en el Garraf, sin grandes artificios; dejando que el entorno y el momento hicieran lo suyo..
Toda la boda fue fotografiada en analógico, buscando una forma más pausada de mirar, dejando que cada momento ocurra sin prisas. Confiando en la luz, en los gestos y en lo que pasa entre medio. Imágenes con textura, con grano, con ese punto imperfecto que, de alguna manera, se parece mucho a la memoria.